martes, agosto 15, 2017

La punta del iceberg



José Luis Peregrina Solís 

Sí, me dolió cuando la guadaña
me atravesó de parte a parte.
Me dolió, sí.
Pero no tanto como me dolió la vida.
No entendió la muerte porqué le di las gracias.
No lo entiendes tú.
No lo entiende nadie.


lunes, agosto 14, 2017

El hombre que murió dos veces (thriller policiaco)



José Luis Peregrina Solís

Perfecto el giro del desarmador
para ajustar el tornillo flojo en mi cabeza.
Necesaria, precisa, exacta la pinza
para sacar la muela podrida de mi boca.
Según entiendo, otra enfermedad no tengo.
Pero hay un pendiente que aún debo resolver.
¿Qué hago con el cuerpo que yace yerto frente a mí,
que grita con sus ojos muertos, vidriosos, fijos,
acusatorios, que yo soy su asesino?
¿Lo entierro en el jardín, junto a los tulipanes?
¿Lo incinero y arrojo sus astillas y cenizas al mar?
¿Lo destazo, lo meto en una maleta grande,
lo mando por paquetería express a una dirección inexistente?
No. Hay una solución más sencilla:
romper el espejo a martillazos,
hacer más pequeños sus fragmentos,
recogerlos, envolverlos en papel  periódico,
meterlos en una bolsa negra de basura,
abandonar los restos en la esquina próxima,
(ya los recogerá después el camión de la basura).
Sin culpa y sin arrepentimiento
por haber matado a mi doble,
a mi otro yo, un Mr. Hyde de pacotilla,
ridícula ficción, mero reflejo,
camino tranquilo por el malecón,
ancho, con palmeras en los arriates,
tráfico vehicular, comercios, restaurantes,
antros desbordando música y colores…
Aspiró hasta el fondo de mis pulmones
el aire fresco, salitroso, curativo del mar.
El sol brilla moderadamente, sin quemarme.
De súbito, me percato de algo sorprendente:
¡MI CUERPO NO PROYECTA SOMBRA!…
…mi pensamiento se suspende, estoy en shock…
Se encienden las alarmas, las dudas me atenazan:
¿Soy acaso un espectro, un fantasma?
¿Estoy vivo o estoy muerto?
¿Quién mató a quién?
¿Pues de qué lado del espejo estaba yo?
¿Fue asesinato o fue suicidio?
¿Estoy aquí o destazado dentro de una bolsa negra,
inadvertida, en la esquina de mi calle?
¿Soy una realidad o una ilusión?
¿Material o inmaterial?
…suspiro resignado…
Es drástica, pero hay una manera de despejar la incógnita.
Voy por el camellón central.
Por el carril de alta velocidad
se acerca rápido un volteo…
…seguro viene a más de 100 por hora…
Un verdadero bólido...
Me aproximo a la acera, me preparo…
Ya está casi a mi altura…
…es ahora o nunca…
…salto…



domingo, agosto 13, 2017

Vida irreductible



José Luis Peregrina Solís

…ningún tatuaje indeleble hay en mi piel…
…ningún sortilegio pesa sobre mí…
…ningún dios ha prescrito mi destino…
…no están contados mis cabellos ni mis pasos…
…no hay letra palabra signo símbolo que me limiten…
…ninguno de mis actos me define por entero…
…ningún litoral me circunscribe…
…ni puntos ni comas interrumpen mi discurso…
…hoy la palestra es mía…
…la vida solo admite los puntos suspensivos…
…no hay un antes ni un después…
…vida…
…eres un continuum…
…tú la flexible palmera despeinada…
…yo el verde pino fiel e insobornable…
…ebrio estoy de aire y oxígeno…
…ya me acostumbraré…
…me gusta la nube informe desgarrada por el aire…
…siempre cambiante…
…a veces vapor de agua suspendida…
…a veces lluvias torrenciales…
…las móviles dunas del desierto…
…la selva inextricable siempre en lucha…
…enraizada en la tierra…
…pero alimentándose de luz…
…paradójica y contradictoria…
…también es hija tuya la conciencia estricta…
…cede a la forma ceñida cuando lo permites…
…tiende al orden a lo clásico a la forma…
…se vence en el soneto o en la décima…
…estrella de mar o caracola…
…percherón altanero o jabalí…
…geométrico panal hexagonal…
…prismas basálticos…
…imposible rosa fragante y espinosa…
…indescriptible orquídea…
…vida…
…maestra de los arquitectos…
…eres irreductible madre…
…tus raíces crecen en todas direcciones…
…en tu tronco robusto se multiplican las edades…
…incontables somos tus hijos tus flores tus hojas y tus frutos…
…eres desordenada libérrima barroca…
…un poco loca bipolar esquizofrénica…
…santa consagrada y prostituta…
…si tienes un sentido o un orden nadie lo conoce…
…y está bien que así sea…
…tan milagrosa es tu evidencia que ya nadie la ve…
…miente quien jura que ha descifrado tu misterio…
…certeza y duda son extremos que se tocan…
…demiurga infundes vida hasta en lo inerte…
…puede ser que algún día tenga la muerte su momento…
…no todavía…
…son vida el microbio y la ballena azul…
…vida las neuronas del cerebro…
…miles de millones de sinapsis…
…muchas más que las galaxias y los planetas muertos…
…sigue creciendo vida…
…dispérsate en los universos…
…no te rindas no cejes no cedas…
…son hermosos la mayoría de tus caminos…
…tan horrendos algunos que dan miedo…
…flores y cáncer…
…élam vital y todestrieb…
…todo lo admites…
…no discriminas consistencia olor color forma sabor…
…he aquí que tú eres generosa madre mía…
…vida…
…me reconozco en ti…
…agradezco el instante que me has dado…
…tú que eres eterna…
…te honro como puedo…
…lloro rio canto grito juego apuesto bailo amo vivo bebo…
…soy imprevisible como tú…
…una partícula de ti…
…a veces cautela y a veces desenfreno…
…cuaresma y carnaval…
…pero a ti ninguna incógnita te asusta…
…no está en tus planes detenerte…
…vida…
…no me negaste…
…no te niego…
…pero qué verso puedo rendirte…
…qué ideograma qué símbolo…
…que no palidezcan ante tu verdad consistente…
…no tengo palabra que no me hayas dado tú…
…pero soy el hijo idiota…
…no sé explicarme…
…no sé pedir perdón…
…disculparme…
…ni falta que hace…
…tú todo lo entiendes y todo lo perdonas…
…el tiempo y el amor te han hecho sabia…
…en cambio yo sólo una cosa sé…
…que tú no tienes fin…
…y tampoco lo tiene mi alabanza…
…la dejo pues en puntos suspensivos…
…ponerle punto final es privilegio tuyo…
…cuando te plazca vida…
…madre de ti misma…
…madre nuestra…
…madre mía…



sábado, agosto 12, 2017

Lo que sigue




 José Luis Peregrina Solís

Comer, desde luego…
Bañarme, rasurarme,
vestirme decentemente,
Salir, tomar el aire…
Sentarme en la terraza de un bar,
tomarme dos o tres cervezas…
Divagar…
Tal vez encuentre a alguien con quien platicar…
Quizás me agrade, quizás no…
No es tan importante.
Lo más seguro es que regrese solo a casa.
Cenar, tomarme mis pastillas…
Ver una película ligera en la tele…
Escuchar música en la compu…
Mecerme un rato…
Adormecerme, pasarme a la cama,
apagar la luz, abrazar mi almohada,
distenderme, dormir profundamente…
La pesadilla matutina del sábado 12 se habrá borrado.
Despertaré mañana, domingo 13, lúcido y tranquilo.
Mis ambiciones a corto plazo son sencillas.
Tanto, que es una incorrección llamarlas ambiciones…

viernes, agosto 11, 2017

Preguntas



 José Luis Peregrina Solís

¿Es mi culpa que la rosa de carne se marchite?
¿Que la esmeralda del bosque pierda brillo?
¿Que la enfermedad, el deterioro y la muerte no perdonen?
¿Es mi culpa ser efecto, no causa, de 10 mil años de una historia desastrosa?
¿Cayeron Troya, Cartago, Jerusalén  y Tenochtitlan por mi culpa?
¿Fueron mi culpa las invasiones bárbaras?
¿El descubrimiento de América, el exterminio de la raza, fueron mi culpa?
¿Son culpa mía la esclavitud, la discriminación, la bomba atómica?
¿Es culpa mía que se hayan perdido todas las batallas?
¿Los terremotos, el desgaje de los cerros, los tsunamis, son mi culpa?
¿Es mi culpa que la justicia se venda en los tribunales al mejor postor?
¿Si los políticos roban y los periódicos mienten es mi culpa?
¿La violencia que ejerce el fuerte contra el débil es mi culpa?
¿La tribulación del perseguido, el refugiado, es culpa mía?
¿Es mi culpa que el rayo caiga, a veces, sobre un niño?
¿Si la vida y la muerte son absurdas es mi culpa?
¿Si la vida eterna no es posible es culpa mía?
¿Es mi culpa si no alcanzan el Nirvana?
¿Los que se ahorcan, los que se envenenan, los que se ahogan, los que se pegan un tiro, los que se hacen harakiri o se cortan las venas, lo hacen por mi culpa?
¿Los que mueren de hambre o de aburrimiento es por mi culpa?
¿Soy yo acaso el padre de todos los huérfanos?
¿Es por mi culpa que se prostituyen las mujeres y los hombres?
¿Qué la gente se divida en razas, credos, costumbres dispares en mi culpa?
¿Es culpa mía que en las fronteras se levanten muros?
¿Es culpa mía la propaganda idiotizante de los mass-media?
¿Es culpa mía que los superhéroes sólo existan en los comics?
¿Es mi culpa no tener la respuesta de todas las preguntas?
¿El saludo, el beso, el abrazo, el amor que se negaron, son culpa mía?
¿Las heridas del corazón y las del alma, los errores de la sinrazón, son culpa mía?
¿Es por mis culpas que Cristo murió crucificado?
¿Es culpa mía que Sócrates haya bebido la cicuta?
¿Es mi culpa no haber nacido príncipe, noble, hermoso, rico?
¿La carga genética y el entorno social que me distorsionaron son mi culpa?
¿Es culpa mía haber tropezado y caído en el estercolero de los cerdos?
¿Es mi culpa no haber podido salir sino a destiempo, cuando el mal ya estaba hecho?
¿Es culpa mía mi déficit mental, haber nacido lerdo, bruto?
¿Es mi culpa, después de tantos golpes,  haber perdido voluntad, coraje y entereza?
¿Es culpa mía que sea mi razón esclava de mis instintos?
¿La alucinación, la pesadilla y el insomnio son mi culpa?
¿Es culpa mía que nadie más quiera asumir ninguna culpa?
¿Es culpa mía que el pasado no pueda modificarse y corregirse?
¿Es mi culpa ser el engranaje roto de la máquina?
¿Es mi culpa tener todo esto –y más- en la conciencia y no mover un solo dedo para cambiarlo?
¿Es mi culpa que Dios –si es que existe- me haya incluido en su plan como ejemplo del fracaso?
No quiero atosigarlos más. Sólo una última pregunta:
¿Es culpa mía que sólo en el alcohol halle reposo?



miércoles, agosto 09, 2017

Incertidumbres



José Luis Peregrina Solís

Cual moneda en el aire gira el mundo,
y semeja una esfera troquelada
de glifos; y perdura indescifrada
para mí, de misterios sitibundo.

¿Es o no es?, indago y me confundo,
mas la evidencia sigue reservada;
si ella no es, tampoco yo soy nada,
si acaso huevo huero que infecundo

se quiebra en la pregunta formulada.
Integra el Ser la duda en lo profundo:
no admite la verdad ser develada.

Inasible a mis luces lo rotundo,
la cuestión seguirá sin ser zanjada,
mientras que yo las distopías circundo.


domingo, agosto 06, 2017

Vida



José Luis Peregrina Solís

No tienes fin, orilla, ni principio,
multiforme, fragante, colorida,
por más que estés en mí tan extendida,
no soy sino un pequeño municipio.

Material de desecho, piedras, ripio,
pero pues tú nada desdeñas, Vida,
la hoguera salvaguardas encendida
del amante en activo participio.

Aun a la conciencia das cabida,
Igual que al pez, al pájaro y la rosa.
Sin ceder a la muerte una partida,

en el juego te muestras prodigiosa:
la roca inerte abrazas decidida
y ésta engendra la planta rumorosa.

Instantes



José Luis Peregrina Solís


Mis testículos reposan muellemente en el escroto; el cerebro se ha olvidado de las histéricas sinapsis; las hormonas duermen en mi sangre; la piel ha dejado de quejarse; me acaricia suavemente el almidón del aire; sin estridencias, la luz ilumina, no hiere, no corta, no hiende; el músculo está laso, el hueso lo sostiene, el cuerpo se siente liberado, leve, ingrávido; en el patio el verde de los árboles; un silencio que no ofende, una soledad que no es condena; la pregunta dejó de ser cortante; la cicatriz se desvanece; las respuestas ya no importan; la vida respira tranquila por mis poros; ninguna piedra hay en mis zapatos, ninguna espina circunda mi frente; ninguna culpa, ningún recuerdo me atosiga; el futuro no es prometedor ni amenazante; no existe la muerte; nunca hubo una caída, nunca hubo un levantarse; ni imagen ni palabra llevo tatuada eternamente; están abiertos los caminos; mi pensamiento es una fuente; ni existe ni existió nunca un superhéroe; el agua es inofensiva, transparente; la tierra sustenta mi camino; el fuego no es necesariamente quemadura; la nube me acompaña con su sombra; el sol no miente; es mediodía, el mar espera condescendiente y calmo; no pide explicaciones ni se explica; me recibe sin reproches ni preguntas; su sal me purifica, su oleaje me acaricia; no tengo sed, ni hambre; no siento el transcurrir del tiempo; ha caído la noche; la luna esplende y, relajada como yo, desnuda como yo, sosegada, me acompaña y nadamos “de a muertito” hacia ninguna parte; el mar no impone rutas; y, siendo libre, no esclaviza a nadie.

Autorretrato



José Luis Peregrina Solís

Probos, incansables, irreductibles, acertando y equivocándose, persistiendo, los hombres de ciencia se encierran por años interminables en sus laboratorios buscando la cura del cáncer, el sida, el ébola, la locura y otras miles de enfermedades antiguas o de reciente aparición: luchan contra el virus, la bacteria, el bacilo, la enfermedad, la vejez, la muerte. En los campos del Ejército, la Aviación, la Marina, la Policía de todos los países del mundo se entrenan y adoctrinan millones de hombres para exterminar a las naciones vecinas, enemigas históricas, por diferencias de raza, religión o régimen político. Hacen rondines de vigilancia en las lindes de sus fronteras en tanto el crimen organizado monta guardia permanente en sus guaridas y casas de seguridad. Distribuyen drogas, extorsionan, secuestran, mutilan, asesinan. Los políticos, con sus contadas excepciones, hacen lo que mejor han hecho siempre: mentir, corromper, robar, salir impunes. Como contraparte, los idealistas crean guerrillas, movimientos clandestinos de resistencia, células para combatir al sistema opresor. Otros se integran en ONG’s para llevar asistencia y consuelo a los perseguidos, a los refugiados, a los niños enfermos, a los ancianos, a los presos, a los desahuciados, a los vulnerables, a los desvalidos. Luchan por la libertad, la verdad, la revolución, la democracia, la justicia. También están los que se limitan a obedecer la inercia biológica y social y se casan, tienen hijos a los que mandan a la escuela y llevan regularmente al médico y se precaven económicamente para su futuro y el de los suyos cumpliendo o excediendo rigurosamente sus horas de trabajo en la oficina, en la fábrica, en la mina, en el campo. Los religiosos, los creyentes, los místicos de todas las religiones ingresan al clero o crean comunidades y llevan a cabo rituales, ceremonias, rezos a las divinidades para salvar sus almas inmortales, las de sus enemigos e incluso las de aquellas personas  que no creen tener ninguna. Cuarto mandamiento budista: “Por innumerables que sean las criaturas errantes en el universo, trabajaré para salvarlas”. Los filósofos, los pensadores, los hombres de letras, los artistas, los humanistas se desvelan leyendo, analizando, pensando, escribiendo, representando, para extender la conciencia y durante décadas se encierran en oscuros cuartos y bibliotecas, estudiando, ahondando en el conocimiento y la sabiduría que los lleva a interpretar la realidad, identificar y definir los problemas, proponer soluciones. Ahí están sus conferencias, sus cátedras, sus ensayos, sus novelas, sus cuentos, sus poemas, sus canciones, sus obras teatrales, sus danzas. Hay quien es asistido por Dios o por la musa o por el Ello, o quien se atiene estrictamente a la razón pura. Hay quienes cargan con dignidad su enfermedad, su sufrimiento, su discapacidad. Hay quienes les dan sostén y aliento. Hay quienes piensan, quienes actúan, quienes se sacrifican. Me limitaré a unos cuantos ejemplos: Cristo, Buda, E.M. Foster, Sócrates, Fray Bartolomé de las Casas, Balzac, Rodin, Teresa de Calcuta, Mozart, Copérnico, Miguel Servet, Flauvert, Giordano Bruno, Pierre y Marie Curie, Tony Morrison, Albert Camus, Sartre, Zoe Oldenbourg, Kant, Kierkegaard, Thomas Mann, Freud, Marx, Einstein, Nina Simone, Rosa Park, Erasmo de Rotterdam, Martin Luther King, Beethoven, Nelson Mandela, Jerónimo, Zapata, el Che Guevara, Malcolm X, Edward Witten, el EZLN, Picasso, Yukío Mishima, Rosario Castellanos, Margarita Yourcenar, Shakespeare, Cervantes, Dostoievsky, Joyce, Truman Capote, Simone Weil… y otros miles de iluminados por la gracia o la fe o las neuronas espejo que anónima y trabajosamente, sin reclamar ningún reconocimiento para sí, luchan y aportan un grano de sal y otro de azúcar por el bien de sus semejantes. Hay quien canta, pinta, edifica, baila, hace películas, fotografía, sonríe, llora, clama, grita, actúa. Hay quien juega, quien maldice, quien mata, quien disputa, quien concilia, quien enseña, quien cura, quien se compromete, quien sueña, quien aprisiona, quien hace volar un papalote, quien salva, quien libera, quien perdona, quien manda una sonda espacial a Saturno, quien eleva un muro fronterizo, quien lo agrieta, quien reparte sus riquezas y se retira del mundo, quien odia, quien ama, quien tortura, quien resiste, quien enloquece. Hay, también, quienes después de mucho bregar, se rinden: Hemingway se pega un escopetazo, Estefan Zweig un balazo en la sien, Kosinsky mete la cabeza en una bolsa de plástico, Silvia Plath opta por el horno de gas, Poe muere ahogado en su vómito, Virginia Woolf llena de piedras su abrigo y se hunde en el Río Ouse.

En cambio yo, cobarde, débil, evasivo, desequilibrado, incapaz, me limito a cerrar la puerta de mi cuarto y correr las cortinas de las ventanas, encender mi tenue lámpara amarilla, apuntarla contra la pared y quedar en una oscura penumbra; pongo entonces en la computadora los nocturnos completos de Chopin y me dejo caer en la hamaca, dolido, avergonzado. Y bebo, bebo, bebo, hasta alcanzar el embrutecimiento absoluto, la ataraxia, la inconciencia. El olvido de mí mismo.

jueves, agosto 03, 2017

Forever Mr. Hyde


El Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

José Luis Peregrina Solís

Y todo amanecer será un reproche
y el transcurrir del día una marisma;
y el recuerdo un andrajo en que se abisma
tu alma en los andamios de la noche.

Hiciste de la sordidez derroche,
errátil juventud caída en cisma,
gris lucidez permutada en sofisma,
salaz imagen de eterno fantoche.

Es imposible desandar lo andado,
reunir de nuevo tu mente escindida,
pues el mágico elíxir se ha agotado.

Tardo arrepentimiento sin cabida,
estás en Mr. Hyde siempre atrapado:
¿sabes? sólo te queda una salida…

martes, agosto 01, 2017

Colores

Supongo que a Edgar Allan Poe ya lo conocen. Si no, se los presentó.

José Luis Peregrina Solís 

Sitia a mi corazón un policía,
despiadado y azul como una roca,
que me rompe los dientes y la boca,
porque no rompa yo la secrecía.

Llega el mar de mi sangre hasta la encía,
y en amargo torrente se desboca,
tiñe de carmesí aquello que toca,
toda letra, al verso, a la poesía.

Sólo burla la reja la palabra,
y abandona la cárcel, fugitiva,
y en perseguida libertad ya labra

el poema de letra subversiva
que tal vez otros corazones abra
y liberen la roja voz cautiva.

P.D. Están todos invitados a visitar un interesante link:

lunes, julio 31, 2017

Esquívala si puedes… (Charada)


 José Luis Peregrina Solís

Por supuesto, tiene nombre de mujer,
y no es de ellas la menos casquivana,
pues en los rombos de la red que hilvana
cierto día todos hemos de caer.

Es ubicua, como Dios, en su quehacer
y la Historia con ella se engalana;
no se le puede reputar de vana,
pues lo que hace nadie puede deshacer.

Hay quien la rehúye y hay quien la busca,
hay incluso quien la dice conocer;
horarios desconoce y no se ofusca

pues hacer cierre de caja es su deber:
puede ser suave, indiferente o brusca.
…y hay quien dice que… ni es, ni tiene ser.




sábado, julio 29, 2017

Sosegada muerte



José Luis Peregrina Solís

Muero de desamor, funesto juego,
porque morir de amor ya no se estila:
me consumo en un vaso de tequila,
me incinero en un ópalo de fuego.

No es otra la razón por la que ruego
la copa que el veneno ya destila
y que en mi sangre agónica perfila
la veraz experiencia del sosiego.

Ya presiento al cortejo que desfila:
Los pasos últimos del andariego
que préstamos serán de larga fila

de deudos al sepulcro solariego.
Cadáver que en amor ya no cavila:
el reloj frenó antes su trasiego.

martes, julio 25, 2017

Laberinto


José Luis Peregrina Solís

A todo el mundo se ha extendido Creta
y no hay frontera que no cierre un muro;
apenas filtra luz el techo oscuro
del laberinto de puerta secreta.

La ley del Minotauro aquí decreta
que has de morir, seas débil o seas duro;
caen por millares en el claroscuro,
y la Muerte ningún clamor respeta.

Quien sobrevive se hace más astuto:
siembra semillas entre bloque y bloque,
y éstas, persistentes, fundan la grieta

que se expande y al muro debilita;
crecerá la ceiba, romperá el dique
y fresca libertad será su fruto.

lunes, julio 24, 2017

H

José Luis Peregrina Solís 


…y por ser muda nos dejaron esa sola letra de la neutral Helvecia, sin darse cuenta que tomando una H de un alfabeto y otra de otro y otro y otro, se hace una escalera montando una sobre otra y otra y otra hasta formar la silenciosa escala cuyos peldaños no hacen ruido y, cómplice la noche, nos permitió ascender al borde del muro y caminar por él hasta dar con el montículo donde yacían dolientes las restantes letras por la ausencia de su callada hermana. Y estirando la mano alcanzamos una G con la que fuimos enganchando, una por una, las otras letras y las izamos y las hicimos cruzar el muro por arriba y, ahora sí, ya en la boca con todos los fonemas posibles e imposibles de los idiomas y dialectos que se hablan en la Tierra, reescribimos las palabras amor, trabajo, justicia, libertad, educación, salud, insurgencia, y reivindicamos esos derechos para cada habitante del planeta, que han de añadir en clamor su reclamo, su golpe, su llanto, su risa, su beso, su esperanza, su bandera a este poema infinito que estamos construyendo desde todos los puntos de la superficie de la esfera, y que empieza con la palabra grieta, que debilita y hace trastabillar al muro y lo derribará al fin cuando todos los pueblos hayan completado con su grito de guerra este íncipit, este proyecto de poema…


Interrogantes



José Luis Peregrina Solís

Mi trayecto de vida no me explica;
ningún libro me resume;
ningún poema me justifica;
mi nombre no me define;
no hay glifo que me represente;
ningún silogismo me concluye;
ninguna ecuación me despeja.

Las palabras no me tocan;
ninguna canción me mueve;
ninguna coraza me protege;
ningún dios me tutela;
ninguna estrella me corona;
ningún viento me acaricia;
ninguna nube me dibuja;
ningún mar me purifica.

Y sin embargo,
pese a mi titubeante
andar de hormiga,
sé que soy,
aunque no sepa lo que soy.

Me busco en los otros
cuando me interrogan:
¿tú quién eres?,
y no tengo, de momento,
otra respuesta: ¿quién pregunta?

martes, julio 18, 2017

Huachinango “a la veracruzana”

Pez rojizo propio del Golfo de México.

José Luis Peregrina Solís

La jaspeada gaviota clava el pico en la piedra, agonizante,
y desconfía del joven que le acerca un cuenco de agua dulce;
el río, que lo conoce, fluye inquieto,
dolido de lo que de su vientre extrae el anzuelo
que el muchacho lanza con el peso gris del plomo;
y mientras el pescador y la luna llena, alto pez en el vacío distante,
cumplen se oficio, el humilde bagre que se asfixia es desechado
entre las piedras como alimento para gatos.
No, no llora el río de plata embarazado, que ojos no tiene,
sólo ruge y azota su ira blanca contra la escollera
y el palpitante fósforo atiborra el cesto del muchacho,
pesado por la asfixiada plata que perdió la espuma
junto al musgo viscoso de la icosaédrica escollera;
ya se retira el muchacho
cuando el golpe de una ola y el sobrepeso
hacen que el pescador resbale de la piedra
y el río pesca a su vez la sangre roja
que tiñe la plata viva de su vientre
y multiplica al huachinango;
no sabrá aquel que lo pesque
que comerá la carne roja de un hermano.



lunes, julio 17, 2017

Corte de caja




José Luis Peregrina Solís

Qué puedo perder si no es la vista,
alucinación de luz en iris diáfano;
qué puedo perder sino el oído,
marchitada flor a flor de injurias;
qué puedo perder si no es el gusto,
goloso comején de tierra erguida;
qué puedo perder si no es el tacto,
las caricias que di y las pendientes;
qué puedo perder si no el olfato,
confusión de marismas y jardines;
que puedo perder sino el sentido
que se pierde en cada sueño absurdo,
en cada ensoñación o pesadilla;
qué puedo perder si no es la vida,
suma de interrogantes sin respuesta,
suma de instantes aluzados de mentira;
qué puedo perder sino es el ruido,
ruido de mi lenguaje tartamudo,
prestado y mío, sofisma y rigor de silogismo;
qué puedo perder, si la razón no es
mas que una espina clavada en el absurdo;
que se pierda entonces mi memoria de los otros,
fantasmas cumplidos y hacendosos,
tan pulcros en su transparencia
de prejuicio, lodo y ropas de marca:
mierda envuelta en celofán.

¿Qué pierdo dejándome caer?
No pierdo nada, salvo esta afrenta de la luz,
la raspadura en las rodillas,
responder con el absurdo a los absurdos.
Es de ellos de quienes quiero salvarme,
no ser como ellos, no parecerme a ellos.

Mejor caer en el sopor del sueño alcohólico,
la vida, borrachera y cruda:
Pero antes, antes, también es euforia, canto, baile.
Que me sirvan l’otra y l’otra y l’otra.
¡Viva la vida y mueran ellos!
Que siempre se ha sabido:
los demás son el infierno.

domingo, julio 16, 2017

Quiero

Los Desastres de la Guerra, de Goya.

José Luis Peregrina Solís


…quiero los visajes horrorosos de la alucinación, el espejismo, el infierno artificial que nunca repite sus torturas, quiero el viaje sin retorno, el diablo y sus demonios, el miedo pánico a lo desconocido, al ángel caído, al ángel terrible, el dolor, la angustia, la insolación, la sed, el hambre, la enfermedad incurable,  la locura producto de la culpa, la maldición de la Sibila, el delirio del alcohol y de la droga, la pérdida de la conciencia, la sangre y la herida, la embolia, el terror de la parálisis total con un cerebro lógico, que se cumplan todas las paradojas, quiero no saber nada de nada, nada de obra, solo locura, el desasimiento total de esta realidad que ahoga, de este mar calmo, de este sol que no enfría ni calienta, de este aire sin aire, este plano azul sin nubes, este mar sin orlas, esta muerte en vida, este cuarto sin entrada ni salida: esta imposibilidad de fuga. Quiero sentir algo, algo, algo: aunque sea la quemadura de un cigarro, una armadura de alambre de púas, la nopalera, la Doncella de Hierro. Quiero que me ericen el dolor y el miedo. Todo es preferible a este non-sense, este absurdo que en su absurdo no termina nunca. Si no puedes darme nada de esto, dame, por lo menos, un planeta muerto. Uno de verdad, no esta quimera.

Percepciones


sábado, julio 15, 2017

La última pastilla



José Luis Peregrina Solís

Cuando llegue llegará de golpe,
y recorreré el malecón de punta a punta
bajo un sol que calienta mi mollera enferma,
y mi cuerpo arderá, y los letreros de los comercios
y los restaurantes y los bares y los antros
tendrán otros significados
que para la gente del común no tienen,
y que me indicarán cuando avanzar
o cuando detenerme, cuando sentarme,
y habrá calles vedadas que no podré transitar,
porque tendrán muros simultáneos de cristal y plástico
sólo visibles para mí y hablaré en lenguas
y nadie me entenderá ni yo los entenderé a ellos.
Me pondré mis mejores ropas
y no despertaré sospechas
hasta que me oigan hablando solo.
No sabrán que hablo con Dios y con el diablo,
que dirán “por aquí no” y “por aquí tampoco”
(son tantos y tan grandes mis pecados).
Demasiado tarde para hacer un pacto,
para subir al cielo o descender a los abismos,
y me atenazará el miedo porque sólo me quedará
el infierno terrible de la tierra,
y tocaré puertas pero me negarán el vaso de agua,
el pan, el bocado y tendrán miedo de mí,
tendrán pánico porque intuirán oscuramente
el despeñadero al que caeré y temerán caer conmigo.
Y las negras placas conmemorativas
de los monumentos del Paseo
tendrán que ser leídas al revés
o de cabeza para entenderse
y aún así, nadie podrá descifrarlas,
excepto yo, piedra Roseta
tocada por la locura,
entenderé sus instrucciones,
y captaré su sentido último
y el horror que esconden,
y no tendré más remedio
que obedecerlas
y saltaré el malecón costero
con sus bancas románicas
y transitaré por las arenas
y sin desnudarme
me internaré en las aguas del Golfo
y me bañaré infinitamente
hasta recobrar la cordura
o ahogarme en el mar
que también será un delirio,
un absurdo, un imposible.




viernes, julio 14, 2017

Luis XVI

José Luis Peregrina Solís 

Nací hijo de reyes en Versalles,
y soledad en Versalles conocí,
pues de manos de tutores me crecí
y nunca pisé el lodo de las calles.

Mis padres… distantes como los valles.
Casarme fue una humillación para mí
y la corona tal vez no merecí:
pormenores de la historia, detalles.

Por dieciocho años Rey de Francia fui,
acaricié a mis hijos en la ruina,
cuando el fracaso nos obligó a huir.

Víctima de la Revolución caí,
mi cabeza cortó la guillotina,
y ese último golpe me forzó a asentir.




No heredaré yo estas arenas…

 José Luis Peregrina Solís

Antes de esta vieja foto color sepia, de hace casi 50 años, antes, mucho antes se produjo la escisión. Ella decidió que yo no debía venir al mundo, pero vine. A pesar del abortivo, del brebaje de hierbajos venenosos que tomó para que yo no viniera, vine. Contra su voluntad. Contra la voluntad de los tres. Es por eso que no estoy en esa foto. Sólo ellos tres: ella, sentada en un banco natural de arena en el camino hacia la playa, está al centro, sonriente. A la derecha de ella (de blusa y falda blanca que le cubre las rodillas) está de pie mi padre –a la izquierda de la foto-. La mano de ella se pierde detrás de la cadera de él.
Él, de pantalón, calcetines y zapatos oscuros, y el brillo plateado de la hebilla de su cinturón. Tiene la camisa blanca abierta, suelta, cayendo holgadamente y arremangada en tres cuartos en sus brazos. Su tetilla derecha, oscura, descubierta. Un sombrero de urdimbre de palmeras le protege del sol. Tiene menos de 30 años. Su rostro es joven y serio, pero no preocupado. Relajado. Su brazo derecho cuelga laxo a su costado. El izquierdo se pierde tras el brazo de ella en su cadera.
A la izquierda de ella –a la derecha de la foto- está mi hermano mayor.  Ha de tener siete u ocho años y sólo una floja trusa blanca cubre su cuerpo moreno y delgado. Está de perfil, también de pie, junto a ella, que lo abraza con su brazo izquierdo; su mano se deja ver por encima de la infantil cadera. Los brazos y manos de ella los sujetan. Le pertenecen. Se pertenecen los unos a los otros. Ella es el pivote sobre el que gira esta familia.
Supongo que mi hermano mayor está inspirando, aspirando aire, porque pueden contarse sus costillas. O tal vez sólo esta desnutrido. “Tuve que destetarlo a él para alimentarte a ti”, me reprocharía ella muchos años después de tomada esta foto.  Los pies de ella y de mi hermano, a diferencia de los de mi padre, están desnudos. Tal vez no hace mucho sol y estás arenas, que casi siempre hierven, en ese momento no hervían. Es tan agradable caminar descalzo por la playa. Pero aquí no se ve la playa. Sólo arena. No se ven cansados. Supongo que aún no llegaban al mar.
Los tres. Siempre los tres. Mi padre, mi madre, mi hermano mayor, en ese orden, de izquierda a derecha según la foto, de izquierda a derecha, como cuando los escribo y los describo. Y no. Yo no estoy ahí, nunca estuve ahí, nunca debí estar. Porque nunca debí nacer, porque nací segundo, sin derechos de sucesión a la corona de esta monarquía lumpen. Sin derechos, aunque la herencia fuera un banco de arena donde están los tres, rodeados de lianas secas, como si fueran serpientes que no sé si los amenazan o los protegen o simplemente yacen muertas a sus costados. Pero no estoy yo en esa foto. No heredaré yo estas arenas.
Porque sus arenas ciegan y cortan. Y yo fui cegado y cortado de sus corazones desde antes de nacer. Fui sólo un injerto que tardó demasiado en percatarse que nunca formó parte del árbol genealógico sino como carga, peso muerto, víctima la mayor parte del tiempo.
Sólo un injerto que tardó más de lo debido en caer… ya seco, ya viejo, ya inútil.
Desmoronado, casi polvo, inservible hasta para hacer una fogata.


martes, julio 11, 2017

El Trini

 José Luis Peregrina Solís

Llegué al bar a eso de las nueve. Busqué la mesa de siempre, me senté y pedí mi caguama. Un muchacho me miró inquisitivo. Se acercó a pedirme un cigarro.
-¿Te acuerdas de mí?
Claro que lo recordaba. Joven, alto, delgado, pelo corto, aunque no al rape, castaño oscuro. De fisonomía hermosa aunque algo ordinaria, de tez pálida. Unos días antes, en el mismo bar, se había acercado, también a pedirme un cigarro. -Los que quieras, rey. Lo que quieras-, puntualicé enfáticamente. Me había gustado. Ya le había echado yo el ojo y por eso él, que lo había notado, se había acercado con el pretexto del cigarro.
-¡Esa es la actitud!-, me contestó entonces con una media sonrisa y volvió con sus amigos.
Hoy parecía algo triste o, por lo menos, esa impresión me dio. Lo noté enseguida cuando me pidió el cigarro. Él estaba sentado en la barra con un amigo que mayateaba a un puto gordo, gordo, gordo, de largo copete pintado de rubio que agitaba exageradamente al ritmo de la canción. De cualquier canción.
-Te veo raro-, le dije cuando se acercó a mi mesa a saludarme.
-Es que no sabes-, contestó.
-Pues siéntate y me platicas-, reviré interesado.
Fue hasta la barra, tomó su vaso a medio consumir, volvió y se sentó enfrente de mí.
-Hoy mataron a mi primo-, dijo de sopetón, evadiendo mi mirada.
-¿Cómo fue?-, pregunté yo, interesado.
-Estábamos a eso de las cinco de la mañana tomando en una cantina de la colonia. Y tres cuates se la hicieron de pedos. Después se fueron.
-¡Hazme el paro!-, me dijo medio espantado mi primo. –Me quieren verguear.
-¡Sobres!-, le dije yo, y nos salimos. Como a una cuadra nos estaban esperando. Iban en una cuatro por cuatro, negra. Nos rodearon. A él lo amenazaron con un machete. A mí me pusieron una pistola en la nuca.
-¿Qué eres de él, Chavo?-, me preguntaron. –Yo no les dije que era mi primo hermano. ¡Por Dios que me sentí mal! Cobarde, avergonzado, no sé cómo…
-Soy su amigo-, contesté. Dijeron que conmigo no era el pedo. Que si quería comprarlo, ahí caía. Sentía el cañón de la pistola en mi nuca. –Sólo somos amigos de cantina-, mentí.
-Pues pélate o no la cuentas-, me dijeron.
-A mi primo lo mataron de un machetazo en la garganta. Lo degollaron. Mañana lo vas a leer en los periódicos.
-Pero entonces-interrumpí yo su conversación-, tu primo traía un pedo grueso con esos güeyes. Si sólo lo querían matar bastaba un balazo. Pero si lo machetearon es que algo querían cobrarle. Fue una venganza o un ajuste de cuentas.
-Sí, wey, por eso estoy triste, porque no pude hacerle el paro. En la tarde llegaron los tipos a mi casa; no sé cómo me localizaron. Me hablaron al chile. Que si soltaba la sopa podía darme por muerto. Ahorita lo están velando. Me dijo mi mamá “vamos al velorio de tu primo”, pero yo nel, no quise ir. Mejor me vine a chupar aquí al centro.
-Y tú ¿qué pedos?, ¿qué andas haciendo?-, me preguntó cambiando la conversación.
La explicación era sencilla.
–Se fue la luz en la casa. En la colonia. No tengo tele, internet ni teléfono. No se puede dormir porque no puedo prender el ventilador ni el clima. Así que mejor salí a chuparme una caguama mientras vuelve la luz, si es que vuelve.
A esas alturas él ya estaba tomando de mi caguama.
-¿Entonces qué?, ¿se hace o no se hace?-, preguntó mirándome inquisitivamente.
-No traigo dinero, mi buen. Ya te dije que hoy no salí en ese plan. Sólo a esperar a que restauren la luz. Pero otro día que venga más desahogado la hacemos. ¿De todo, no?-, pregunté.
-Sí wey, no hay pedo, de todo-, contestó sobándose el pito.
-Nomás dime qué día nos vemos-, me requirió.
-Mira, la verdad no sé. Por aquí nos vemos cualquier día de estos y la hacemos-, le respondí.
Pedí la cuenta y ambos dimos los últimos tragos a nuestros vasos de cerveza. Le dejé la cajetilla de cigarros, que estaba más o menos a medias.  –Gracias-, me dijo. -Me llamo Trinidad, pero todos aquí me conocen por El Trini. Aquí me encuentras.
Se despidió de mí y se regresó a la barra donde su amigo mayateaba al puto gordo de copete rubio.
Yo salí y compré una cajetilla de cigarros en la tienda de conveniencia de la esquina. Ahí se fueron los últimos 40 pesos que tenía en la tarjeta. Tomé un taxi y volví a casa. En el camino de regreso, por el malecón, pensaba que la tristeza vuelve hermoso cualquier rostro. Sobre todo si es joven y agraciado. Estoy pensando en la forma de agenciarme algún dinero y volver a ver al Trini y consolarlo, si es que para entonces sigue triste. O vivo.





domingo, julio 09, 2017

Anestesiado

Lo siento, pero no hallé referencias
del autor de este hermoso cuadro.
José Luis Peregrina Solís 


Con perturbaciones de cascada se desparrama el vino tinto de las cortinas texturizadas. Débil como crema de maíz apenas se sostiene el amarillo pálido en las paredes de mi cuarto. Testigo de quién sabe qué crímenes, de qué mutilaciones de qué cuerpos caídos, de rojo quemado se ha teñido el piso. Desde un gris que no enfría ni calienta, como este sol de julio enmascarado por las nubes, estático me mira el techo. Yazgo en cama entre las obscenas reminiscencias de las sábanas. Adiós le dije anoche al que tal vez sea mi último amor. Y no me dolió, no lo sentí y no lo siento. Sólo este vacío que lo ocupa todo, este non-sense al parecer sin término… ¿Habrá otros éxtasis como los del pasado en mi futuro?, ¿ya no soy capaz de amor, de amar? Se mueren o se van y no me importa. Me hago la pregunta: ¿no estaré ya muerto?, ¿serán las volutas de humo del cigarro los remanentes de mi alma incinerada?, ¿qué seré ahora que la pasión ha desertado?, ¿reseñista de exposiciones de arte abstracto?

sábado, julio 08, 2017

… y es lo único cierto.


José Luis Peregrina Solís

Con la inconciencia del sonámbulo llego a la cornisa. ¿Quién soy, qué hago cuándo no estoy en mí? La incertidumbre me paraliza. La mirada interrogante de los otros me atiborra culpa. En alguna parte mi cerebro esconde los porqués, oculta la verdad. Me escinde en dos de marzo y piscis, en tres, en cuatro, en cinco. Es tan endeble la razón, tan a la mano y terrible la locura. Lo peor de todo es la inconsciencia, los lapsus secretamente intencionados de mi memoria. ¿Quiénes me enloquecieron? Todos y es certeza. Estoy vivo o estoy muerto. O son todos los demás los muertos y yo el único vivo. No soy yo el que escribe en este cuarto y fuma. No son amarillas las paredes, no cuelgan los cinturones de ese clavo, no está encendida la lámpara, no están fijos a la pared los cuadros, ni ordenados los libros en sus estanterías. No llueve afuera. No estoy encerrado. Estoy en la orilla de la cornisa, balanceándome en mis piernas. El edificio es alto y podría caer. ¿Eso importa? Nada tiene sentido si no he resuelto los misterios de la vida.  Nada importa si no tengo las respuestas a los enigmas de la Esfinge. Moriré en sus fauces, eso es cierto. Todo lo demás (antes, ahora, después) es pesadilla.

viernes, julio 07, 2017

Si te dieras una vuelta por aquí…

De Gustavo Doré.


José Luis Peregrina Solís

Si escuchas,
si te enteras,
si te dicen por ahí
que estoy caído,
que no puedo levantarme,
que es tanta mi debilidad
que sólo me arrastro
o yazgo tendido por el suelo,
sucio, desaseado,
que no como ni bebo,
que estoy en los huesos,
ya derrumbado, ya vencido,
hecho escoria y rastrojo …

… que no me alcanzó la lógica
para entender ni aceptar tu mundo,
tal como era, como es, como será …
… tu mundo tampoco me aceptó a mí …
Me castigaron por haber fallado
en mi intento de prescindir de ti.

Hoy me ha dicho tu pajarito mensajero,
de alas ajadas por el largo vuelo,
que no caben mis delirios
ni en tu abismo ni en tu cielo.

¿Cambiarías de opinión
si te dieras una vuelta por aquí?

jueves, julio 06, 2017

Trece



José Luis Peregrina Solís

Resguárdame, amor, en la celda de tu pecho,
asegura la entrada con los barrotes de tus brazos,
cruza tus dedos en candado y no los abras,
enreda tus piernas en las mías, como cepo.
Dame la datura -12 y un híbrido: 13- de tus labios.
Restitúyeme a la cordura con la paz con tu mirada,
No existe otro remedio que tu cerco.
Y no mienten ni miento:  me he vuelto loco
de dolor, de soledad, de rabia y miedo.
¿No ves que hoy cumplo otra vez mis 13 años?
Algo terrible pasa cada décimo tercer año.
Conjura ese número maldito.
No he puesto suficiente atención:
no sé si lo terrible pasa cada 13 segundos, 13 peldaños,
13 olas, 13 escaleras, 13 encuentros, 13 horas, 13 pisos,
13 nacimientos, 13 meses, 13 muertes, 13 edificios,
13 años, 13 calles, 13 siglos, 13 ciudades, 13 milenios,
13 países, 13 guerras, 13 círculos, 13 eones, 13 universos.
Pero ¡ay!, hoy hace 13 años que te conocí
y tengo miedo pánico de quedarme.
Por eso te pido que me retengas con tu abrazo,
Doncella de Hierro, aunque seas tú,
la que me haya desangrado,
enloquecido con encierro.



miércoles, julio 05, 2017

Ejecución



José Luis Peregrina Solís

Suelta el cepo, Argos, abre la reja,
que no he de resistirme a la sentencia
que recorta mis días de insurgencia.
Ya razón de ser no tiene mi queja.

Un sordo grito es el rastro que deja
la cruel ejecución por toda herencia;
he abandonado ya toda querencia
mas no por ello tu rudeza ceja.

He de pagar mi crimen si es que es crimen
que al Paraíso en Tierra me aferrara:
una pieza de pan, un vaso de agua.

Mi ansia de libertad rompió la fragua
do forjaba la sierra que aserrara
las férreas manos que mi cuello oprimen.


lunes, julio 03, 2017

Sicario



José Luis Peregrina Solís

En la fingida calma del cigarro,
se clava un íntimo dolor de espina
que locura y desilusión combina
y acuña los delirios en su barro.

Nadie puede entender ese desgarro,
la llaga que supura la resina
venenosa, ni al mal que se destina
quien, herido, se tiene por bizarro.

Y ni ajena ni propia vida estima,
secuela de su triste biografía,
y disparando su odio no escatima

ninguna sangre, pues ¡aun todavía!
nadie le amó ni le mostró la cima
que alcanza Amor cuando al Amor se fía.

domingo, julio 02, 2017

Parusía



José Luis Peregrina Solís

Salgo en busca de la luz,
del golpe del aire y su salitre;
una silla, una mesa,
una palapa, una cerveza.
No sacia el alcohol mi sed de ti
como la lluvia sacia la sed del pavimento,
pero no tengo otro sucedáneo.
Esta sed que solo tú puedes paliar,
porque es sed de ti, sed de tu cuerpo,
de tu roce que me hace levitar,
de tu saliva, tu sudor, tu sexo.
¿Cuánto hace que perdí tu rastro,
cuánto que perdí el aliento?
Otros más compasivos te harán saber
que recorro las mismas calles,
las mismas cantinas a la misma hora,
con la esperanza de que vuelvas
algún día también tú sobre tus pasos
y colisionemos como aquella vez,
con la inaudita violencia de los astros.
Y como no ocurre pasional tu parusía,
embrutecido repito todos los días mi periplo,
y me aflijo, lloro y me embriago.

sábado, julio 01, 2017

Cuestiones



José Luis Peregrina Solís 

La materia en su evolución ensaya
luz y oscuridad, sueño y pesadilla,
informe piedra o enigma que brilla.
Y oculta siempre más en lo que calla.

Si es el origen el big-bang que estalla,
pero de su futuro no ve orilla,
¿tiene sentido el hombre que en la arcilla
traza un cuadro, un círculo, una raya?

¿Y no deja de ser una mancilla
el pensamiento a la materia bruta,
y se torna sin fin esta rencilla?

No ha de volver atrás la manecilla
y el hombre al hombre la verdad disputa;
y, ahondando en sus saberes, se encastilla.