miércoles, junio 28, 2017

Dilemas

 
Cataratas del Iguazú, compartidas por Argentina, Brasil y Paraguay.

José Luis Peregrina Solís

Vida y muerte me reclaman
y sustentan argumentos:
lucha y paz son los cimientos
del ser y el no ser que claman.
Canción y grito proclaman
que soy ser pensante y bruto,
sea poema, sea exabrupto
lo que brote de mi entraña,
cosa es no poco extraña,
pues de ambos participo.

¿Hay opciones o coacciones?
¿Hay destino o albedrío?
Ya de ninguno me fío
tras agudas reflexiones,
pues no cuadran ecuaciones
ante tales disyuntivas.
Guardo mis expectativas
mientras resuelvo este caso,
pues no quiero abrirle paso
a las salidas furtivas.

La muerte es cosa segura
y ha de llegar a su tiempo
¿porque no dar su momento
a la vida, aunque sea dura?
No quiero que, por premura,
de la realidad me ausente,
pues deseo estar presente
en la esperada sorpresa:
¡que desborde la represa
del amor siempre vigente!

martes, junio 27, 2017

Hay quien tiene…



José Luis Peregrina Solís

Hay un niño que tiene una pelota, su juego y su inocencia;
tiene a su nana, el parque y el barullo de la mañana.
Hay un joven que tiene una novia, una flor en la mano,
un beso en los labios, un anillo en el dedo, una promesa.
Otro hay que tiene un libro y una historia; tareas escolares.
Uno tiene el amor de su mamá y su abrazo.
Aquel adolescente sentado en la escalera,
un hermano mayor que le revuelve juguetonamente el pelo.
Hay un hombre que tiene ocho horas de trabajo,
una cena, una familia, una cama y una esposa;
vacaciones, viajes, consideración, utilidades, aguinaldo.
Tiene su celda el seminarista y su crujía el preso.
Disciplina tiene el maestro y rigor tiene el filósofo.
El hombre de ciencias tiene un objetivo y un método.
Hay quien tiene una pensión decente.
Hay quien tiene una belleza que le abre todas las puertas
y le concede todas las sonrisas, todos los afectos.
Alguien más está dotado de inteligencia y talento.
Otro hay que camina en medio de la muchedumbre
y es tan igual a los demás que nadie voltea a verlo.
Hay un anciano que tiene fe, esperanza,
y unas hijas que lo atienden hasta el mínimo detalle.
Hay quien tiene rezos en sus funerales
y se pide a Dios por el perdón de sus pecados.
Todos parecen tener algo, a alguien.
En cambio yo, sólo tengo el silencio de la madrugada,
el oscuro patio de la casa, un sillón tejido en plástico,
unos árboles, unos arbustos y unas flores
cuyos nombres desconozco.
Tengo 57 años, los bolsillos vacíos y un destino incierto.
La luna y el chipi chipi ponen brillos en mi cabello cano.
Hace fresco. Mi mano izquierda sostiene mi cigarro.
… y pienso…

domingo, junio 25, 2017

Dado


José Luis Peregrina Solís

¿Cómo quieres que te lo diga entonces?
Ya desfallezco y no entiendo tu juego;
estoy cansado, mucho, y siento el fuego
en los pies, mas no aflojas tú tus bronces.

Argos, ya ganaste, caí de bruces
en el laberinto infame y ruego
que me liberes o me mates luego,
pues ya no alcanzan para más mis luces.

Estoy dado, no puedo levantarme,
ya no me queda aire en los pulmones,
ni fuerzas tengo para sublevarme.

Si es pues a lo que aspiras, acabarme,
deberíamos ahorrarnos los sermones.
Procede ya si es tu intención matarme.

viernes, junio 23, 2017

Confiteor



José Luis Peregrina Solís


"Todo llanto es una queja. Y toda queja, una acusación"
Federico Nietzche


Escribe mi nombre en una concha
o en un fragmento de cerámica,
entrégalo a la asamblea en el ágora de Atenas
y, después, guarda tu voto por diez años.
Si cuando haya terminado mi destierro sigues odiándome
y te incordia mi regreso,
busca entonces un espejo
y mírate en él el tiempo suficiente,
el que consideres necesario.
Mírate con el corazón, no con los ojos.
Si lloras, significa que aún te duelen
aquellas palabras, aquellos golpes,
aquellas omisiones y postergamientos
de que te hicieron víctima tus padres,
tus hermanos, tu familia,
aquellos que debieron amarte y no lo hicieron.
Comprenderás entonces
que el amor es la única justicia que buscaste
y que la herida que me cobraste a mí
no te la hice yo sino ellos.
Y que cuando votaste a favor de mi condena
era a ellos a los que condenabas
sin querer enterarte,
sin querer saberlo,
sin querer ver.
¿Comprendiste?
Ahora ve a tu iglesia, confiésate 
- mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa -,
toma tu hostia y deja que otro cordero inocente
pague con su sangre tus pecados.



...y serena.


martes, junio 20, 2017

Yo recuerdo…


Alex, protagonista de Naranja Mecánica, la película de Stanley Kubrick.

 José Luis Peregrina Solís

“La mujer odia todo aquello que no ama”
Federico Nietzche


…que era el mismísimo director de Comunicación Social el que a las 10:00 u 11:00 de la mañana entraba alegremente a la Redacción armado de un par de paquetes de cigarros y comenzaba a repartir las cajetillas entre reporteros y reporteras, los que trabajábamos en la oficina y los que cubrían la fuente. Esto era en los blancos, ventilados y fríos módulos improvisados del Corralón de Tlaxcoaque, a donde se trasladó la Dirección…, luego que los terremotos de 1985 fracturaran el entonces edificio de la Policía del Distrito Federal sito en Diagonal 20 de Noviembre.
Después de Tlaxcoaque –si la memoria no me falla-, ocupamos un nuevo y moderno edificio en Izazaga –puedo estarme equivocando, la memoria, ustedes saben…- de 14 plantas. Nosotros ocupábamos la cuarta. Pero a pesar de tratarse de un lugar cerrado, la costumbre no se interrumpió. Los cigarros continuaban apareciendo como los conejos de la chistera de un mago: “Adelante mis mastines (también había mastinas)”, decía el jefe y lanzaba las cajetillas al aire que nosotros atrapábamos al vuelo. Sí, era el 85, el 86, el 87 aproximadamente. Gracias a la ventilación, la atmósfera de la redacción no lucía precisamente nebulosa y gris, como en esas escenas de El ciudadano Kane, de Orson Welles. Hasta el última día que trabajé en esa oficina de prensa, se fumó.
Y más: se bebía. El entonces amplio cuarto de revelado apagaba su luz roja, prendía las luces blancas y bebíamos nuestras cubas, oíamos nuestra música, fumábamos nuestros cigarros, bailábamos y cantábamos y nos emborrachábamos, dentro y fuera de las instalaciones de la oficina. Hasta el último día.
Después he trabajado en seis o siete periódicos y, en la mayoría, ni el cigarro ni el alcohol eran motivo de persecución inquisitorial. Y tomábamos y fumábamos parejo, hombres y mujeres, los  que lo hacíamos. Los que no, al parecer no les importabas. Llevaban sus vidas más asépticas, más ordenadas sin mayores críticas, salvo hacia aquellos que llevaban sus adicciones al extremo.
Hoy, al parecer, la situación ha cambiado. Ejemplifico: la hasta no hace mucho jefa editorial del departamento, estando en el candelero periodístico la legalización medicinal y recreativa de la mariguana, hizo una encuesta informal entre el personal de redacción. El resultado se me hizo a mí, por lo menos, inquietante. Todos los hombres, con excepción de uno, estuvieron a favor, alegando que se trataba de una cuestión de elección y libertad personales y dependía de cada quien si le entraba o no le entraba al consumo de la cannabis y con qué frecuencia. El caso de las mujeres –que hacían mayoría- fue totalmente opuesto. Sin excepción, todas votaron en contra. “Si los hombres ya son como son, ¡imagíneselos marihuanos!”. La votación la ganaron las mujeres. Hay algo sorprendente en esto. Supongo que tienen que ver los cromosomas: XX, XY. Un solo filamento marca la diferencia.
Mientras los hombres luchan por una mayor libertad, por una mayor experimentación en todos los ámbitos sociales y de sus vidas privadas, las mujeres son más conservadoras, más controladoras, tal vez porque aún en su mayoría son dependientes económicamente de los hombres. Y sin embargo no era el caso de la oficina: se trataba de mujeres que trabajan y, supongo, son autosuficientes.
Como yo siempre he sido izquierdoso y liberal y estoy a favor de las relaciones abiertas y libres, como estoy a favor del aborto, que no es obligatorio, sino un último recurso al que la mujer tiene derecho, me sorprende que, por la vía del voto, la mujer sí intente imponer al hombre “su” punto de vista y “su” modus vivendi.
¿Por qué toda esta desordenada reflexión viene a cuento ahora? Sencillo: ayer me vi forzado a firmar un acta administrativa por llegar “con aliento alcohólico” al trabajo. Sé que lo firmé yo, pero también sé quién lo promovió. Una o dos mujeres, naturalmente. Pero le echaron toda la responsabilidad al vigilante. Hay maneras y maneras de hacer las cosas: dando la cara, o la más sinuosa de sacar las castañas del fuego con la mano del gato. Yo pensaba, ingenuamente, que un caluroso y soleado sábado de Junio -¡sábado, por Dios Santo!- podía salir una hora antes de casa y pasar a tomarme tres cervezas medias en una fresca palapa, aliviar mi sed y mi calor antes de dirigirme a mi centro de trabajo y que eso no constituía ni un crimen ni un delito. Digo, si es un delito, ¿por qué no cierran las cantinas y los expendios de alcohol, que tantos ingresos por impuestos generan al municipio?
 El punto es que no llegué al trabajo haciendo “eses”, no llegué sosteniéndome de las paredes, no llegue ofendiendo ni insultando a nadie. De hecho estaba tomándome una coca en mi lugar pues entiendo que hay a quien le molesta el olor a cerveza por tenue que sea, cuando fui llamado a recepción y, una vez ahí, la jefa del Departamento me preguntó si estaba yo tomado. Como no sé mentir –lo siento-, ni tengo mano izquierda, dije la verdad: “Me tomé tres cervezas, pero no estoy ebrio. ¿Llegué cayéndome, ofendí a alguien?” No. Y sin embargo, fui suspendido dos días de mis labores. Al tercer día que me presenté a trabajo, me pusieron enfrente la dichosa acta administrativa que tuve que firmar. Es la segunda, en menos de un mes, aunque no por la misma razón. Una tercera y estaré en riesgo de ser despedido.
En El miedo a la libertad, dice Erich Fromm que las relaciones de paridad son prácticamente imposibles. Siempre hay uno que busca imponerse sobre el otro. Y él hablaba de las relaciones de pareja y de cualquier tipo de relación humana. Sin importar medios ni recursos para imponerse. ¿Por qué viene a cuento esta cita de Fromm y el epígrafe de Nietzche? Pues porque ocurre que hay otro empleado que también, de vez en cuando se toma una o dos cervecitas antes de entrar al trabajo. Y no se sienta tan lejos de la jefa como para que ésta no lo perciba. Pero como se trata de “su amigo”, esto no amerita ni suspensión ni acta administrativa. De ahí el epígrafe de Nietzche: “La mujer odia todo aquello que no ama”. Si tiene razón o no, que se lo conteste cada uno. Si la mujer es más sañosa que el hombre, que se lo conteste cada uno.
“…sesgo alfil, encarnizada reina”, dice Borges en un célebre poema sobre el ajedrez. ¿Es la mujer más encarnizada que el hombre en su afán de dominar al otro? Muchos filósofos han sido tachados de misóginos por hacer notar ese punto. Pero también hay mujeres autocríticas. Monserrat Olivier por ejemplo: “Sí, las mujeres somos como más sañosas”, admite en admirable espejo. No sé si ella lo sea. Pero por lo menos lo reconoce.
Por lo pronto, un copy paste de la Wikipedia: “El trastorno obsesivo compulsivo por la limpieza, es una de las afecciones irracionales de tipo neurótico que padecen en su mayoría las mujeres y que en particular provoca problemas emocionales, como miedos, inseguridad, fobias y complejos; y síntomas psicofísicos como fatiga, estrés, insomnio, problemas en las articulaciones, depresión, accidentes, sobrepeso, sedentarismo, falta de apetito sexual, irritabilidad, cefaleas, hipertensión y problemas vasculares.
Desarrollar un extremo sentido de la limpieza es contrario a la buena salud y el bienestar, aunque la higiene esté asociada con la prevención y el desarrollo de enfermedades.
Las causas de este trastorno se atribuyen a las características de la personalidad perfeccionista, obsesionada por el control y la disciplina; a la falta de atención o de afecto, al estrés, a factores culturales aprendidos y al tipo de trabajo rutinario de una casa, que no se ve ni se valora y que no deja mucho margen para la creatividad”.
En fin, que parece que a mí están a un paso de despedirme, porque lo que yo llamo “grados de libertad”, estas mujeres que se han empoderado de la empresa entienden como “grados de desorden”. Yo no lo puedo evitar: soy hombre. Y tomo cerveza y alcohol y no café tibio con campari.
Sé que tengo perdida esta guerra emprendida contra mí. Y este ataque esconde, supongo, otras razones que no voy a mencionar pero que todos en el área conocen, conocemos.
Tendré que hacer valer mis “grados de libertad” en otra parte, porque aquí, parece, como en el ejército, los únicos grados que existen son los jerárquicos. Y no tengo la intención de terminar en un arresto o una cárcel. Lo que sí tengo, son unas ganas locas de volver a ver –y analizar-, la Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick, y recordar la metodología para reeducar a ese sicópta llamado, si no recuerdo mal, Alex. Por más que me esfuerzo, no creo parecerme a él. Es sólo que, últimamente, me han hecho sentirme como si lo fuera. Ya no me queda claro dónde está la salud ni la enfermedad. Pero tengo claro que nos estamos deslizando rápidamente de la misoginia a la misandría. Y ambas sicopatías son igualmente dañinas y peligrosas. Quod scripsi, scripsi.



domingo, junio 18, 2017

Metamorfosis



José Luis Peregrina Solís

Haz caído en desgracia.
¿Dónde irás, pájaro pintado?
A la parvada no, no a la parvada.
El mar no tiene ruta, como el bosque o el desierto.
Busca una rama en el aire,
detente unos segundos,
descansa, bebe agua del río,
apacigua tu respiración,
cálmese tu pecho.
Lo has entendido ya: la parvada no.
Lo sabes y no te duele.
Venturoso el día, pájaro pintado.
Tienes la libertad del cielo.
Tuyas son todas las rutas,
todos los bosques,
todos los mares,
todos los desiertos.
Todo te pertenece
porque todo te lo negaron.
Enhorabuena, pájaro pintado, enhorabuena.
Si no te sueltan ellos, tú nunca te hubieras soltado.
Tuvo que ocurrir de esta manera.
No importa: lávate en el rio.
Se desprenderán todos los colores
y serás otra vez negro y brillante.
No volverás a la parvada.
Conocer es despreciar.
Te queda la solitaria rama,
la cueva tras la cascada.
El silencio y la noche.
Nadie te disputa el fruto.
Ningún otro pájaro se atreverá contigo.
Tú, oscuridad en la noche.
Tú, el negro vidriado de la luna.
La libertad, pájaro negro,
tiene un precio:
te convierte en animal sagrado.
Tenderán sus redes y sus trampas
pero no caerás en ellas:
un numen te protege.
Uno te guía.
Para bien y para mal,
eres una singularidad, una excepción.
Tú no perteneces a los otros,
ni al número de los días.
Tú eres de la noche,
de la luna fría
que te enciende negros rubores.
No, negro pájaro lustroso,
no eres tú para la parvada.
Destinado, sí, al sacrificio,
pero no serán éstos
quienes corten tu vuelo y tu garganta.
Serán los mismos dioses
quienes se santificarán contigo.
No, no renacerás, no eres el Fénix,
pero habrá terminado tu martirio.

sábado, junio 10, 2017

Complicidades de la noche



José Luis Peregrina Solís

Es la noche, noche, noche sin luna,
la banca y aún los novios en el parque.
Él firma con su pecho abierto un trueque,
ella accede y no pone traba alguna.

Viento y pinos, de agua es la laguna,
ningún vigía que el romance trunque;
zipper abajo, cópula que abarque
el infinito orgasmo en ruta bruna.

Yo sólo por cigarros madrugaba
y llegaba hasta mí el aire almendrado,
sudor de cuerpos en sutil disputa.

No se conoce todavía la fruta
que supere el sabor almibarado
del amor sin pared y sin aldaba.

lunes, junio 05, 2017

Satori




José Luis Peregrina Solís

Veo un cuadro,
un tapiz,
una película,
una foto.
En los aparadores
veo otras ropas
distintas de las mías.
Oigo una canción
y otra y otra.
La melodía.
Leo uno
y otro libro.
Visito otra casa,
otro país,
otras ciudades,
frecuento
otras personas.
Ahora lo sé:
yo soy el otro.

Percepciones

Procesionarias o plaga del roble.


José Luis Peregrina Solís

El segundero del reloj suplanta
la lenta manecilla de la hora;
por lo que el tiempo ahora se demora
en transcurrir eternidad que espanta.

Ya en el trabajo cuando el sol levanta
pareciera existir solo el ahora;
afuera ya la luz todo lo dora,
y adentro tarde y noche alguien lo canta.

Pudieran parecer futilidades
este delay del tiempo percibido,
presente asincronía de las edades.

A ti no rinde el tiempo utilidades.
El roble las bellotas ha omitido:
tus quejas son, de cerdos, necedades.

domingo, junio 04, 2017

Esperanzas



José Luis Peregrina Solís 

Amanece, y hasta donde la vista alcanza,
el campo reverdece, y los aperos de labranza
experto el campesino prepara
y la siembra que depara
el bien de la comunidad,
cuando se venda en la ciudad,
el fruto ya llegado, ya para manducar,
y suculentos platillos preparar…
pero no adelantemos vísperas,
aún el gallo canta, gira lenta la esfera,
el agua corre secreta bajo tierra
abonando la raíz que la pobreza destierra…
pero el campo aún no está arado
ni de simiente cargado.
Espera en el silo la semilla,
que es del árbol la costilla,
que ha de morir en el surco
y renacer junto al junco,
a la vera de arroyuelos
que del río son hijuelos
por mano de hombres fabricados,
con sus cauces calibrados…
pero no nos anticipemos:
del café negro disfrutemos,
de la tortilla, el frijol, la salsa,
de la noticia que ensalza
en la radio la bonanza
que se dio el último año
porque no se padeció daño:
ni inundación ni sequía
azotaron las acequias…
no nos adelantemos,
apenas el terreno recorremos
en el tractor que barrena
esta tierra negra y buena
y el sol que aún no despunta
con claridad que barrunta
el culmen de la jornada:
aún no tenemos nada,
sólo en los ojos el sueño…


sábado, junio 03, 2017

Mudanzas




José Luis Peregrina Solís

Si la rosa es,
Si el manantial fluye,
Si el quetzal existe,
Si la luna ilumina la noche preñada de estrellas
Si la lluvia fertiliza la tierra y esta florece,
Si el pez respira con sus branquias,
Si el planeta flota en el vacío
y nos arrastra con él y nos sostiene
Si la humilde ostra rinde una perla
y la roca esconde en su centro una gema
Si el árbol da sus frutos y su sombra,
Si la sangre irriga mi cuerpo y lo yergue y le da vida
¿dónde reside entonces lo imposible?
¿Le diré ahora a mis amigos que me he vuelto creyente?
Raimon Panikkar es complicado
y no todos aceptan su idea de que Dios
no tuvo otra manera de manifestarse al hombre
en su momento para que éste lo conociera.
Yo mismo no lo creo porque hoy es otro día distinto,
distante de cuando empecé el poema
y vuelvo a ser agnóstico e incrédulo
y lo numinoso se ha perdido
y la luz del sol me parece natural
y no un don divino.
Vuelvo a la dura materialidad concisa
y no estoy de humor para las dudas,
los cuestionamientos, los silogismos,
las revelaciones.
Apenas vivo de mis ocho horas de trabajo,
y esto no parece obra divina.
Muda el tiempo, mudo yo,
y es hora de callarse.

P.D.: El poema ha de terminarse
el mismo día que se empieza,
de un tirón, para que no se rompa
ni se distorsione su unidad,
como nos distorsionamos nosotros
en la vigilia y en el sueño.

Campeonato




José Luis Peregrina Solís

Cuando me lo dicen cobro nueva conciencia sobre ello: sí, hablo solo. Estoy afuera, al pie de la escalera de entrada del periódico, casi al filo de la medianoche, en la penumbra de la calle solitaria, fumándome un cigarrito; espero el resultado de un partido de futbol. Lo disputa el equipo de Zacualli. La portada de la sección de Deportes -y las rotativas- están detenidos también por ese resultado.
No estoy arriba pero sé lo que está pasando casi con absoluta certeza: están pegados al televisor, sin tomar ningún apunte, festejando a gritos el gol, más excitados porque están próximos a finalizar los tiempos extras a que se fue el partido. No redactarán la nota, esperarán a que les llegue de la agencia. Jóvenes en su mayoría, borrosos en mi memoria porque apenas hoy los conocí, todos del área de redacción y de deportes. Se levantan de las sillas, caminan dos o tres agitados pasos, vuelven a sentarse, se llevan las manos a la cabeza como intentando entender lo inentendible. Explican a sus compañeros la jugada, como si los otros no hubieran visto lo mismo.
No, no todos vieron lo mismo. “¡Estaba fuera de lugar! Está clarísimo”. “¡Cómo chingados va a ser fuera de lugar!, ¿qué no estás viendo...?”, dice otro que también se levanta de su sitio para dar su versión de la jugada. Alegremente alterados, amistosamente confrontados, dejan escuchar sus opiniones, sus chanzas y sus pullas. No se salvan ni los comentaristas profesionales de la TV: “Ese pendejo está ciego. Debería estar pidiendo limosna en las calles”.
-“¡Dios bendito, cuándo dejarán de agitarse!”-, me digo en voz alta mientras le doy otra calada al cigarro y escucho hasta aquí abajo el ruido y el jaleo que se traen allá arriba. Yo también fui joven. Lo era todavía hace 20 años, cuando tenía 30 y me fui de aquí a probar fortuna en otros lares; ahora que regresé, sólo encontré disponible una plaza de corrector. Bastó una llamada telefónica tempranera para que el director contestara: “Preséntate a las cinco”. Creo que me conserva cierto aprecio.
Digo, no es que no pueda corregir una nota, pero en mi larga ausencia no me fue tan bien como para ponerme exigente y las circunstancias han cambiado mucho. Por ejemplo, ya no tengo 30 años, tengo 50.  Aunque nunca cubrí deportes, en su momento también me llené de aire y alcé la voz para proclamar la importancia de la nota conseguida; escribí mis budgets, elegí cuidadosamente el qué, el cómo, el cuándo, el porqué y el para qué. Cuántas veces me llevé la nota de ocho columnas.
Sí, fui joven e iluso. Ahora no soy lo primero y creo no ser lo segundo. Mis viejos conocidos han de pensar que perdí mi empuje. Quizá tengan razón, quizá no. Los nuevos no me conocieron en mis mejores tiempos. Son demasiado jóvenes. En los últimos veinte años, durante mi ausencia, pasaron muchas cosas.
La esplendorosa Martha, por ejemplo, ahora titular de la sección de Sociales, es hoy una gordita madura que sigue pintándose el pelo de un rubio acertado, que va bien con su piel clara, y, debo decirlo, está mucho mejor conservada que yo. En los lejanos ayeres, yo era un destacado periodista y ella era notable por su juventud y su belleza, sus piernas y sus caderas. Algún tiempo anduvimos juntos, poco antes que yo me fuera. Hoy me la encontré justo en el rellano de la escalera que da acceso a la redacción. Ella iba de salida y yo de entrada.
-¿Abel? ¿Eres tú?
-Martha… tanto tiempo. Qué gusto, yo…
-¿Qué haces aquí?
-Ah… es mi primer día, el director me dio la oportunidad de incorporarme a la empresa. Me dio una vacante de corrector mientras me encuentra algo mejor… creo que lo hace por los viejos tiempos…
-Sí, pero, ¿qué haces aquí? ¿Cuándo regresaste…? Bueno, no importa… sólo vine por un rato…me tengo que ir...
Ni siquiera me dio la mano al despedirse. Se veía excesivamente nerviosa, y más que nerviosa, alterada. No fue sino hasta casi entrada la noche, a media jornada de trabajo, que entendí todo. Un telefonazo de ella, abrupto y cargado de rencor me aclaró el panorama.
-¿No te dije que tuvimos un hijo?, ¿Que lo llamé Abel, igual que tú?, ¿No te dije que se te parecía? Lástima. Estaba por cumplir los 20 años.
-¿Estaba?- pregunté al vuelo y en vilo.
–Sí, estaba- contestó ella. -Murió anoche en una balacera en un antro de Torreón. Estudiaba ingeniería automotriz. Mi hermano se fue para allá. Está  haciendo los trámites del traslado. Su cuerpo llega mañana. Lo velaremos por la noche y lo enterraremos pasado mañana, por si quieres despedirte.
Colgó sin darme tiempo de pedir ninguna explicación. Mi pensamiento se embrolló pero tampoco sabía lo que sentía, aparte de unas violentas punzadas en el corazón. Poco a poco me fui tranquilizando y recuperando el compás de mi respiración y mi coherencia. Si lo hubiera dicho en su momento yo no me hubiera ido. Tal vez cuando partí ella tampoco lo sabía. Tal vez las cosas habrían sido distintas. Tal vez sólo no quiso cancelar mis posibilidades de crecimiento y éxito en otras partes. Tal vez ella tenía sus propias expectativas y formar familia conmigo no estaba dentro de ellas. Yo era todavía joven, no sé si habría entendido. Pero la entiendo ahora. Si cambió de opinión ¿con quién iba a comunicarse, a dónde enviar un telegrama o una carta si yo me fui sin despedirme de nadie, peleado entonces como estaba con los dueños del diario por la espesa censura informativa? ¿Cómo iba a comunicarme que me había nacido un hijo y que éste necesitaba un padre?
Ahora comprendo por qué, habiéndome ido en los términos en que me fui, aún tengo derecho en este periódico a una modesta plaza de corrector. Me la han dado por lástima, por pena, no por mis viejos méritos que no saben si conservo. Tal vez el director pensó que yo ya sabía y que por eso había vuelto. Pero no, lo que me regresó fue la derrota. Me fui buscando libertad y sólo encontré más muros. Supe lo que supe hasta hoy, mi primer día de trabajo.
Trabajo en silencio el resto de la tarde-noche, con los sentimientos hechos una bola de confusiones. Un hijo muerto al que nunca conocí. 19 años. Tendría que estar él allá arriba, gritando con los otros jóvenes, yéndole al equipo de Zacualli, naturalmente. Y yo con él, en lugar de estar aquí abajo, solo, fumando un cigarro tras otro y, a veces, hablando solo y en voz alta. Arrepintiéndome de quién sabe qué y haciéndome preguntas.
-¡Gooooooooooool!-, escucho que cantan desde arriba.
Quince minutos después se abren las puertas de vidrio de acceso y aparece el joven vigilante para avisarme que me esperan arriba. Ya pasaron la nota del partido y hay que corregirla. El Deportivo Zacualli ganó como visitante. Logro subir las escaleras que me llevan hasta el corredor, pero mis piernas están pesadas,  torpes, temblorosas y siento el pecho adolorido; las escaleras que suben del corredor al segundo piso son un reto mayor: cada escalón subido es un triunfo. Finalmente tropiezo y caigo a medio rellano. No puedo levantarme. Es sólo otro ataque de angina de pecho. No tengo fuerzas para gritar, para pedir auxilio. Siento en el corazón esas dolorosas contracciones que me dan cada vez que hay luna llena. Porque sí, allá afuera –aquí adentro no, en la oscuridad de mi corazón no-, en un cielo infinitamente estrellado e indiferente, la luna relumbra gorda y esplendorosa.

viernes, junio 02, 2017

Relevo



José Luis Peregrina Solís

Antier murió mi abuelo, a los 95 años, de un paro cardiaco. Siempre fue recalcitrante. Una vez que decidía o elegía algo, nada ni nadie era capaz de hacerlo cambiar de opinión. Así era en todo. Aferrado. Nunca cuestionó a Dios ni a su religión, su nacionalidad, la institución para él sagrada del matrimonio, su equipo de beisbol –Los Diablos Rojos-, ni, mucho menos, su pertenencia al partido oficial, que llevaba gobernando al país nueve décadas y media. Los mismos años que él tenía de vida. ¿No era ese partido el que había convertido estos lomeríos en un terraplén cuadriculado?, ¿no era ese partido el que había pavimentado, introducido la electricidad, el agua, el que había construido la escuela, la clínica, el parque en la colonia? “Ahora vivimos mejor que hace 60 años, cuando la familia llegó a la ciudad”, decía convencido y convincente. Miraba la televisión, desavisado en su silla de ruedas, cuando pasaron un virulento spot del principal partido opositor: “Hay 60 millones de pobres en el país. La mitad de la población. De ellos, 22 millones viven en pobreza extrema y 12 millones en inseguridad alimentaria, es decir, que no saben si comerán hoy; todo ello ‘gracias’ al partido oficial”, dijo con retintín el principal candidato opositor.  Fue entonces que al abuelo le sobrevino el ataque cardiaco. Lo llevamos al Seguro Social pero no quiso internarse. Dijo que si de todos modos se iba a morir, prefería hacerlo en su casa. No hubo manera de convencerlo de lo contrario. Antenoche mismo lo velamos.
Ayer hubo elecciones presidenciales en el país. Aunque los noticiarios se ocuparon todo el día del proceso de los comicios, en horario estelar pasaron el clásico de futbol México Vs. Brasil. La escuadra nacional perdió 2-1 ante su contrincante.
Hoy se conocieron los resultados electorales: el partido oficial perdió por un voto. Tal vez el de mi difunto abuelo.

miércoles, mayo 31, 2017

Lo que cabe en la palabra "nada"...



José Luis Peregrina Solís

Caben las canicas que de niño encontré enterradas y aún recuerdo…
Caben mis baños en la lluvia y en el mar del trópico…
Cabe mi memoria torturada…
Cabe la informe cicatriz de mi muñeca izquierda…
Tantas veces intenté salir del hoyo, que se hizo más profundo…
Caben mis alucinaciones y mis barruntos de lucidez…
Si no hablo de amor es porque no llegó quien yo quería…
Soy el nudo a media cuerda que no sujeta nada…
Cabe mucho en la palabra nada…
Cabe la quejumbre amarilla de mi cuarto…
Cuadros y cintos colgados de la pared…
Los libros arrumbados en el librero y la memoria…
Cabe el vodka con agua de limón a las 5:00 de la mañana…
Caben 20 cigarrillos y aun 40…
Caben estas líneas desbalagadas como ovejas descarriadas…
Caben el desencanto y la pesadez…
Caben 57 años de fracaso…
Pero soy piscis y nado a favor y contra la corriente…
Caben la resistencia y las ganas de vivir
así sea abajo y a la izquierda de la palabra nada…

lunes, mayo 29, 2017

Astillas




José Luis Peregrina Solís

…es la luz alucinante que finge la realidad de las tres de la tarde…
…es su reverberancia  que rebota como un eco en los objetos…
…es el calor, la ceguera que producen los colores…
…es el sudor de mayo que pone brillos en los cuerpos…
…es la canícula sin paliativo de la carne incendiándose…
…es el aire, llamarada del sur, de tierra adentro, que dispara sus reclamos…
…es el cuerpo asediado por el clima extremoso de los trópicos…
…es el aparato digestivo y sus eructos y ventosas…
…es su cópula al sol sólo otra secreción de la ciudad corrupta…
…es la camioneta de lujo que los atropella en pleno malecón costero…
…son ellos, lo sé, que se deslíen en humores fétidos…
…son ellos, lo sé, evaporándose al sol, envenenando el aire…
… noche y día los cubren moscas y gusanos y larvas de moscas y gusanos…
…son ellos, lo sé, los trabados cadáveres de perros sin pedigrí,
restos que por asco nadie se atreve a levantar…
…es la huelga de los trabajadores de Limpia Pública…
…es la cal que los vecinos les echaron encima la que multiplica la sed del pavimento…
Sólo las llantas de los coches, veloces, los repasan una y otra vez mezclándolos con otros polvos.
Y falta tanto para que lleguen las redentoras lluvias que arrastrarán sus astillas al mar y les traerán la paz…


lunes, mayo 22, 2017

Solo de guitarra




José Luis Peregrina Solís

¡Ay, guitarra, que no te aprendí a tocar!
A abrazar tu silueta con mis brazos,
a presionar tu cajón contra mi pecho,
ni las cuerdas contra el diapasón,
ni a rasguearte con mis dedos.
¡Ay, guitarra, que no te aprendí a afinar!
Ahora que se ahoga el grito en mi garganta,
El llanto en mi pecho, tú podrías aliviarme,
gritar por mí, llorar conmigo.
Pero tan torpe soy, guitarra,
que no te sé pulsear.
Las borracheras serán mías,
pero cantaré en tu rasgueo otros sollozos.
ocultaré entre los ajenos mis pesares,
que morirán conmigo sin saber cómo expresarse.
Todo, guitarra, porque no te aprendí a tocar.
No, porque al niño se le partían los dedos.
Ahora tengo el corazón henchido de dolores,
traiciones, abandonos, desamores.
Y no, guitarra, no, no encallece.
No armonía, sino llanto.
No acorde, sino grito.
Ni una canción, guitarra, ni una canción.
Solo un largo y desgarrado gemido.

jueves, mayo 18, 2017

Alter ego




José Luis Peregrina Solís

Hay algo que no cuaja en el poema,
y es que un mal sentimiento lo coacciona:
el absurdo a lo triste se fusiona
y tinto de amargura queda el tema.

Vivir o no vivir es el dilema:
al ímpetu de vida no reacciona
su fragmentado “yo” que no razona
y que de la ataraxia hace sistema.

Ni de amor ni de odio la condena
ata su malestar sobre la tierra;
sólo este vacío que barrena

el denso dramatismo de la escena:
un hombre que el sinsentido entierra
en un vaso de caña de la buena.

miércoles, mayo 17, 2017

Agua y aceite


Después de Teseo

 José Luis Peregrina Solís

Aquí todo es pared y ángulos rectos,
sendas sin salida, estranguladas
por mil bifurcaciones calculadas.
No hay fisuras ni bloques imperfectos.

Ni ruta ni camino hay que directos
salven a las ofrendas señaladas;
garras y cornadas, no puñaladas,
pondrán fin a sus días insurrectos.

Escucho en eco mi postrera queja:
me ha dado el Minotauro un fin sucinto
y el fantasma que soy no halla la reja.

Años ha que recorro el laberinto,
por si un héroe avezado quizás deja
un rastro que me libre del recinto.

domingo, mayo 14, 2017

Destinos

Playas de Coatzacoalcos. Veracruz, México.

José Luis Peregrina Solís

De nuestro mismo barro terrestre conformado,
hiende veloz el pájaro los cielos,
pero vuelve después para posarse,
suave y exacto en la rama, sin quebrarse.
Hombres hay que, avergonzados de su origen,
prefieren vivir en la punta del skyscraper.
Grandes penthouses de ornamentación abstracta.
Y su sueño mayor es viajar a otros planetas…
¡para terraformarlos!
Bien por ellos. Bien por sus naves,
por sus herméticos trajes espaciales,
por sus escafandras.  
Que corten el cordón umbilical y allá se queden.
…a mí me basta tu voz para elevarme...
…el sonoro trepidar de la cascada…
…el rumor de follaje de la selva…
…el canto del mar, su espuma, su viento, su salitre…
…la luz de este sol a las 6:30 de la tarde...
…los pies descalzos en la playa alta la noche…
…la luna como un faro transfigurándose en las olas…
…cervezas y cigarros en el bar…
…lucecitas de colores y música de Banda…
…y tu saliva y tu carne cimentándome.

viernes, mayo 12, 2017

Visitas




José Luis Peregrina Solís

No me reconforta el café de la mañana.
Los cigarros saben mal.
El desayuno a trapo viejo.
El agua de mis abluciones hiede.
Maltrato a la familia.
Soy ineficiente en el trabajo.
La música no me tranquiliza.
Tampoco me trae paz el fin de la jornada.
El día ha sido una mierda.
Sólo yo conozco la razón.
La tengo presente
porque estoy otra vez en cama
y el cansancio me atenaza.
Y ruego que esta noche
no me visiten en sueños
los demonios lujuriosos
que me hacen
lo que me hacen.

jueves, mayo 11, 2017

Toc - toc - toc



José Luis Peregrina Solís

Amaneció.
Me despierta el toc - toc en mi puerta:
Pan, tortillas, huevos, verduras, flores,
carnes rojas, carnes blancas.
Muebles, ropas, joyas.
Bienes perecederos e imperecederos.
Gracias, no. No me interesan.
Cierro.

El toc - toc en mi puerta:
Desaforados de una religión
que seduce con el cielo
o amenaza con el infierno
si no obedezco su interpretación
del Libro. Ni siquiera les contesto y cierro.

El toc - toc en mi puerta:
Facturas por pagar.
El agua, la luz, el gas, el teléfono,
el predial, el internet,
la televisión por cable.
Lo siento, por ahora no puedo.
Por favor vuelvan otro día.
Cierro.

El toc - toc en mi puerta:
Los estados de cuenta
en ceros de mis tarjetas bancarias.
Más facturas vencidas.
Publicidad de grandes almacenes,
restaurantes, membresías de clubes.
Ofertas. No estoy interesado. Cierro.

El toc - toc en mi puerta:
Proselitistas de media docena
de partidos políticos que prometen
beneficios - que no han de cumplir -
a cambio de mi voto.
No puedo evitar mirarlos con desprecio.
Y cierro.

El toc - toc en mi puerta:
Las noticias de la calle.
“Ya se enteró, vecino,  que…”
No, ni lo sé ni quiero saberlo.
Cierro.

Entre tanto toc - toc se ha consumido el día.
Es media noche, la puerta está cerrada
y aún espero el triple toc - toc - toc de los nudillos de tu puño,
el único toc - toc - toc por el que desespero y muero,
por el que no trabajo, ni como, ni duermo.
Hoy tampoco has venido y fue otro día perdido.
Cierro los ojos en la cama, somnoliento.
Y sueño con el frenético toc - toc - toc de los latidos de tu pecho
respondiendo al toc - toc - toc del enloquecido corazón mío.

Toc - toc - toc.
Las tres de la madrugada.
¡Sólo puedes ser tú, si es que no sueño!
Es más grande mi alborozo que la noche.
Abro la puerta con urgencia.
Mana la sangre de tu cabeza y de tu pecho.
Te han asaltado en el camino.
Tu cuerpo cae exánime dentro de casa.
Y exánime cae mi cuerpo sobre el tuyo.
También mi toc - toc - toc se ha detenido.


martes, mayo 09, 2017

Duda

 José Luis Peregrina Solís

Tan altas son, Amor, tus exigencias
y de tal forma a la razón exceden,
que ya los pretendientes retroceden
y te suplen viles concupiscencias.

Aquellos que no alcanzan tus querencias,
a todos, sus fracasos los preceden,
y en el libre mercado ya proceden
a saciar en el sexo sus urgencias.

Y a tu esencia, Amor, ya no conceden
verdad, y dan al cuerpo otras cadencias,
y nuevas diversiones se suceden.

¿Tendrás culpa, Amor, por tus ausencias?
¿Quizá otras negativas te anteceden
y no eres tú sino las remanencias?

lunes, mayo 08, 2017

El buen pastor



José Luis Peregrina Solís 

Azules son sus ojos.
Amieladas sus pestañas
y su cabello largo hasta los hombros,
su abundante barba y su bigote.
Blanco, no tanto como el suyo, su sayal.
No, no desconfía el corderito
del buen pastor que lo separa,
entre balidos, de la ubre de su madre.
Ya otras veces lo ha cargado,
ha pasado cariñosamente
sus manos por su pelaje
albo y suave.
Lo sopesa: no menos de 25 kilos.
A 35 días de nacido está en su punto.
No es la primera vez que el pastor lo acuna,
aunque esta vez un largo brillo ornamenta una de sus manos.
Desconoce el corderito lo que eso significa.
No importa, dentro de poco se perderá,
definitivamente, su mirar desconcertado.
Ignora que, en su gula, los dioses
ansían el perfume y la esencia de su grasa
y de su sangre, la terneza de su carne.
Desconoce que para esto
el pastor lo ha protegido de los lobos.
35 días de vida y mimos y, al final,
todo se reduce a sacrificio, ofrenda, rito.
¿Más cómo desconfiar de su pastor,
de su abrazo tan estrecho,
de la mano ajena que sostiene su cabeza,
del cuchillo que degüella su garganta?
…un espasmo, un estertor, un río de sangre…
No más balidos,
no más preguntas
en su mirada sin brillo.
Sólo los oficiantes
creen saber la razón del holocausto.
El altar rebosa de ceniza y huesos.

sábado, mayo 06, 2017

Última parada



José Luis Peregrina Solís

Casi ciego, casi sordo, casi mudo,
todo lo emito y lo percibo como en eco.
¿Eeeh?-, digo o me dicen, y apenas entiendo
o apenas logro hacerme entender.
Mi piel arrugada, reseca, escamosa,
ha olvidado casi el tacto.
El alzheimer es, sin duda,
un inmerecido retorno a la inocencia.
Debilitadas mis rodillas, me mueven en silla de ruedas.
Silla de ruedas, no carreola.
La pérdida de los dientes me regresa a la papilla.
Papilla, no pechos maternos, no mamila.
No tratándose de un neonato, sino de un viejo,
no me espera la cuna, sino al ataúd.
Y no el vientre de mi madre, sino el de la tierra.
Sólo el reposo hará casi idénticas
a la primera y la última infancia:
un reposo sin memoria y sin conciencia.
La diferencia estriba en que en la última
no hay sueños, respiración, latidos.
Sólo una soledad que ya no importa,
y los gusanos royendo en silencio
la carne descompuesta.
De repente, el obsceno silbido
del gas escapando por alguno de los orificios
del cuerpo hinchado
dentro de una tumba sin fisuras.
Encender un último cigarro
sería considerado terrorismo.


El ojo


José Luis Peregrina Solís

Dice el sicoanálisis que, productos del temor, la ansiedad o el estrés, los lapsus no son sino afloraciones espontáneas del inconsciente que se abren paso a la vigilia. Yo, que por mi parte sé que existen el multiverso y los universos paralelos, que vivimos en una realidad de 11 dimensiones y no de tres ni de cuatro, sé también que desde ella ocurren inconcebibles intrusiones hacia nuestra realidad concreta, material, aunque no todos seamos capaces de percibirlas.
Hace unas noches, por ejemplo, no en un lapsus sino en un sueño, vi incrustado en una pared rugosa y gris, un ojo de un color amarillo sucio. Me espiaba, me seguía con la vista. Sé que es mucho lo que está en juego. Sé que algunos más, en otras geografías, habrán soñado una boca que blasfema, una mano que gesticula, un pie que huye, una oreja que escucha.
Días después lo había olvidado cuando, una de esas tardes, mi hermano habló por teléfono desde su trabajo, pidiéndome que le llevara un folder amarillo que había dejado en la mesa del comedor de su casa. Trabaja como auditor en la alcaldía. Se lo llevé. Hacía años que no iba por el rumbo del parque central. Yo, que veo la realidad, no tengo que imaginar nada. Sólo tengo que transcribir. Fue cuando venía de regreso que lo vi: engarzado en una de las paredes a medio repellar de la catedral nueva estaba el ojo; amarillo parduzco y, sin embargo, brillante e inquieto. Por mi parte, hace mucho que dejé de sentir miedo.
Afortunadamente traía una pluma metálica en el bolsillo de la camisa. Con terror, el ojo me vio acercarme. Si su párpado no hubiese sido una arruga del cemento se habría cerrado. Sentí la resistencia de su materia infame. Insistí, me ensañé. No podía dejarlo vivo. Finalmente, el iris se escurrió amarillo sobre el líquido transparente y sanguinolento de la esclerótica.
Una rica pareja de ancianos -de esas que aparecen en las portadas de sociales de los diarios-, se bajaba en esos momentos de una lujosa camioneta y se disponía a entrar al templo. El viejo notó los despojos y, escandalizado, le dijo a su mujer: -¡Hasta dónde hemos llegado!, ¡ahora estos desaprensivos arrojan huevos podridos contra la casa del Señor!
Yo me hice el desentendido y caminé aún dos o tres cuadras antes de tomar el camión que me regresó a la casa.